jueves, 27 de enero de 2011
Jornada X
miércoles, 26 de enero de 2011
Grandes comidas, grandes cagadas
La cita previa sirvió para deleitarnos en nuestros méritos, a falta de mejores fans, los propios Defensores glosaron en torno a unas cervezas sus impresionantes cualidades deportivas y humanas. Una vez en el mesón las viandas se deslizaron con presteza sobre nuestros platos mientras la verborrea Defensora seguía proclamando a voz en grito las cualidades que les adornan. Después de varias horas de deglución de entremeses, cogollos, revueltos y otras lindezas y tras decantarse cada uno por lo que más le gusta, carne o pescado sin que esto fuera motivo de discriminación, llegó el momento álgido de la celebración. Una nueva y sorpresiva entrega de despachos por parte de la dirección que no hizo sino reconocer los méritos de estos jugadores. Uno por uno, los Defensores galardonados pudieron recoger su obsequio que en esta ocasión constaba de un marcapáginas personalizado conmemorativo
través de estos merecidos obsequios os da las gracias por vuestra incondicional entrega a la causa.El amanecer nos trajo las malas noticias. Con un mensaje al móvil los camaradas Álvarez y José Ignacio nos comunicaban que causaban baja en el encuentro que se iba a celebrar al filo del medio día en tierras valdeferrensis. Su compostura y humildad habitual les impidieron ser más concretos al definir el motivo de su baja pero el parte médico fue desolador: "Proceso diarreico agudo con emisión repetida de heces semilíquidas acompañadas de fluidos pseudoviscosos de apariencia biliar y en ocasiones de grumos gelatinosos de hediondez contrastada, todo ello en un marco de desgana generalizada que le incapacita para la práctica deportiva y hace su concurso en el partido de todo punto imposible". El parte del fontanero no era más positivo: "Atasco en la bajante principal con motivo del acúmulo desproporcionado de masa fecal junto a detritus de origen incierto en estado de semidigestión. Debido a la acidez del compuesto recomendamos la sustitución inmediata de los sifones de la comunidad y la explusión del vecino causante de la avería". Como si su propia condición no fuese motivo suficiente de incapacidad, nuestros compañeros quedaban anulados por una inoportuna gastroenteritis. Investigaciones posteriores nos llevaron a centrar las sospechas en la pimienta que coronaba nuestros entrecotes en forma de traicionera salsa y que consumimos con alegría. Poco podíamos sospechar que nuestro lugar de reunión había sido descubierto y la salsa envenedada por nuestro archienemigo con un producto de su invención: la caipimienta.
martes, 18 de enero de 2011
II Cena de Gala Defensora
Muchachos, ha llegado el día de hacer un alto en las hostilidades de la Social y holgarnos con una merecida celebración gastronómica que nos resarza de tantos momentos de desgaste físico. Esta segunda Cena de Gala Defensora se celebrará en un lugar que como comprenderéis y por razones de seguridad no se ha hecho público pero que todos conocéis ya. La jerarquía Defensora podrá así solazarse en compañía de sus camaradas y establecer nuevas estrategias para la actual campaña. No obstante será una distracción breve pues al día siguiente nos espera una nueva cita, esta vez con los amigos de Valdefierro, que nos estarán esperando en sus dominios al filo de las doce treinta. lunes, 17 de enero de 2011
La batalla de las BasketMÉPidas: Defensores 48 - MEP Basket 45
En el tercer cuarto las cosas se mantuvieron más o menos igual. En el minuto siete un parcial de seis a cero hizo acercarse a MEP en el marcador hasta los dos puntos que rápidamente fueron compensados para volver a los seis de ventaja en el minuto nueve y para acabar el cuarto con un 38 a 33. En los dos últimos minutos Furillo comete su quinta falta y es obligado a retirarse, pero cuando un Defensor cumple su quinta falta no se va a la calle, no lame sus heridas y olvida a sus compañeros sino que se transmuta en afición, quintaesencia del espíritu de este equipo y con a su hálito empuja a sus compañeros a las más altas gestas. Gracias a su apoyo desde el banquillo, la reanudación nos permite llegar a la máxima diferencia con un inspirado Miguel Ángel que transforma los dos tiros libres de una técnica pitada al equipo rival y una canasta. Con esos nueve puntos de diferencia las cosas parecían discurrir favorablemente, pero una nueva reacción rival les acerca hasta los cinco puntos cuarenta y dos a treinta y siete. Nueva canasta de Miguel Ángel y dos tiros libres anotados por Peplowski y dos canastas de MEP nos dejan en el minuto siete con un apretado cuarenta y seis a cuarenta y uno. En el minuto nueve el colegiado pita una inexistente falta del capitán que acusado de una falta que no había cometido sigue jugando igual y cometiendo una nueva personal que lo manda al banquillo en la siguiente jugada. El drama parecía cernirse sobre los Defensores, tanto Furillo como Pakhicius, integrantes de una de las mejores y más insignes sagas familiares a las que tanto debe este deporte, acababan sentados en el banquillo por una serie de contubernios federativos. Resignado, el capitán se dirigía al banco sabedor de que tal vez nunca volvería a ver a sus camaradas. Resignado pero no preocupado porque a pesar de que sobre el campo quedaban únicamente cuatro valientes sin posibilidad de ayuda, sabía que les había entregado todo lo necesario para resistir. Al igual que Palafox debió hacer en su día, también Pakhicius se vio obligado a abandonar a su pesar el campo de batalla. Pero los que allí quedaban no eran hombres corrientes, la bandera grisigualda aún ondeaba hecha jirones sobre el pabellón Defensor como la prueba inequívoca de que la rendición no era posible, de que la conquista de la plaza sólo podría hacerse al más alto coste, de que nadie abandonaría su puesto en la trinchera mientras le quedase un último aliento para gritar que los Defensores no se rinden. Y así fue. Los rivales recortaban su distancia a los cuatro puntos primero, a los tres después, llegando a ponerse un punto por debajo cuanto quedaba un minuto. Pero unas acertadas decisiones nos permiten anotar de uno en uno. Pepe y Jorge fueron los encargados de anotar dos de los cuatro tiros libres que lanzaron para zanjar el partido con el definitivo 48 a 45. Los cuatro Defensores, como en la parábola de los talentos, habían recibido uno y devolvían tres. Cuando todos pensaban en una derrota honrosa ellos mantuvieron la fe en la victoria e intentaron el plus ultra. Se convirtieron en santo y seña del ideario Defensor porque esa fe y esa victoria nos reafirma a todos en la bondad de la senda que un día decidimos andar. Un camino no exento de zarzas y setas venenosas pero donde también hay jugosos fresones que llevarse a la boca como mieles que anticipan la hidromiel de la gloria.
Todo había acabado y los Defensores, tras el preceptivo saludo al rival se entregaron a la celebración de su victoria, primero en las duchas donde se agotó el jabón de mano, y luego en Casa Aparicio donde temblaron salmueras y bolitas de bacalao. Con esta deglución acababa una de las mayores gestas que los Gloriosos Defensores o equipo alguno haya llevado a cabo. Una victoria en la que la fe se impuso a la pragmática realidad. Nunca tan pocos hicieron tanto, pero es que nunca esos pocos eran...
martes, 11 de enero de 2011
R.I.P. Juanito "Defensor" Navarro
Muchachos, lamento comenzar el año con tristes noticias. Como todos sabéis, el gran Juanito Navarro ha fallecido. Un actorazo como la copa de un pino que viene a ser al cine lo que los Defensores al baloncesto, grandes profesionales que hacen bien su trabajo sin olvidar otros compromisos. Dedicándose al séptimo arte descubrió su faceta histórica con películas como "Cristóbal Colón, de oficio descubridor" o "Donde Almanzor perdió el tambor", también profundizó en la parte social con títulos como "Qué gozada de divorcio" o "El hijo del cura" e incluso tocó la política con filmes tan conocidos como "Los autonómicos" o "Todos al suelo", sin olvidar el simple entretenimiento con "Los caraduros" o "Esto sí se hace". En definitiva una gran pérdida que no debe afectarnos en nuestro próximo partido sino antes bien servirnos de acicate para honrar la memoria del nuevo Defensor honorario.viernes, 24 de diciembre de 2010
Discurso de Navidad del Capitán Pakhicius
Echando la vista atrás, veo que ha sido éste un año de sufrimientos pero también de alegrías. De penurias pero también de reconocimientos. De tristes adioses como los de Chavi y felices momentos como la boda de Peplowski y Edurne, cuya consumación marital ha de procurar una larga progenie a la estirpe Defensora que ya nada en la abundancia con varios miembros en su linaje. También de evoluciones, ya que comenzamos el año jugando en el infame pabellón de Santa Ana, antro abyecto donde compartir el jabón era tarea difícil y lo acabamos jugando en Tenerías, santo y seña del espírtu Defensor y donde los hombres se miran cara a cara cuando se duchan sin importar lo que en ese momento tienen en la mano. Hubo momentos de histórica satisfacción, cuando el contubernio antidefensor sacado a la luz gracias a Wikileaks nos ha dado una vez más la razón en nuestras demandas de justicia social. Pero es así, amenazados a diestro y siniestro, por delante y sobre todo por detrás, como los Indómitos Defensores encuentran como nadie su fortaleza. Una fuerza basada en la cohesión humana de sus miembros que avanzan firmes y enhiestos hacia un prometedor futuro de reconocimiento y parabienes.
Quiero recordar a los Defensores que ya no están entre nosotros, a los honorarios como Peter Graves, Antonio Ozores o Leslie Nielsen y a los que vistieron físicamente la camiseta como Drogakevicius y Chavi. Ellos lo dieron todo por este equipo y a cambio recibieron de él la sempiterna impronta de gallardía que como sello indeleble se asocia a sus integrantes.
Es llegado el momento de dejar de lado nuestra lucha y volver por unos días a la bien merecida paz del hogar. Nuestra mayor virtud es la de haber sido fieles a unas ideas, porque si por algo seremos juzgados en el futuro no será por nuestros resultados, afortunadamente, sino por la disposición a entregarse más allá del deber por la grisigualda. Dentro de unos días nos veremos un año más en la arena de la Social y será para mí motivo de orgullo y satisfacción capitanear un año más, si la salud me respeta y vosotros queréis, este equipo de valientes que arrostran las dificultades sin dar un paso atrás, que se ríen del mundo más fuerte que él de ellos, que olvidaron la vergüenza en el pupitre de bachillerato y que hacen posible la más inaudita de las causas: su propia existencia.
lunes, 20 de diciembre de 2010
Defensores hasta el final: Classic 64 - Defensores 65
Todo comenzó muy pronto, demasiado. Tras colapsar el colector general de la ciudad los Defensores se dirigían poco a poco a su cita. Mientras tanto, en la celda de la madre conserja (M.C. en adelante) sonaban los maitines de fondo mientras se calzaba las pantuflas con el escudo del Vaticano y se santiguaba doblemente. La grey defensora hizo acto de presencia en la puerta Pompiliana a las nueve y diez de la mañana, Jose, Furillo, Peplowski y Pakhicius, éste último en pantalón corto se unían a Camilo ante la cerrada puerta. Mientras tanto en su celda, M.C. ajusta su refajo de arpillera atándolo a su vientre con una soga, se libera con estruendo de las flatulencias acumuladas durante la noche y se rasca el pelo deformado por la almohada. Todo discurría en la más absoluta paz sólo turbada por los golpes que se oían en la calle. Allí, el capitán Pakhicius se ve obligado a utilizar métodos artesanales para llamar la atención de los de dentro ante el principio de congelación que sufre en las piernas y aún más allá. Poco después M.C. recoge la dentadura postiza del vaso de su mesilla y con parsimonia la introduce en sus fauces, la ajusta y da un par de dentelladas al aire para comprobar que encaja. Fuera, los Defensores, el equipo arbitral y algunos rivales, golpean el suelo con sus ateridos pies para entrar en calor. Una llamada parece confirmar que el pabellón se abrirá, pero como el cielo, necesita del advenimiento de quien tiene las llaves. Al mismo tiempo M.C. retira la leche del fogón y hunde en ella las magdalenas que se impregnan lentamente del fluido vacuno. Con la cuchara recoge los empapados trozos y los acerca con sosiego a la boca, cuya recién incrustada dentadura se demuestra más que suficiente para deshacer los esponjosos pedazos. Poco a poco discurren por el añoso esófago y calientan lentamente el anciano vientre de M.C., una espesa gota de leche resbala por la comisura de los labios (de la boca, digo) y cae sobre la hoja parroquial que lee con detenimiento. En la calle, cunde el desánimo. Nadie sabe a lo que atenerse, los nervios están a flor de piel, la incertidumbre y el desánimo cunde entre los deportistas que piensan ya en irse a sus casas tras más de media hora de angustiosa espera. Pero en ese preciso momento, M.C., vestida con la chaqueta de ganchillo que Sor Inés le dió antes de alcanzar la gloria, sale al frío de la mañana para abrir el pabellón. ¡Madre de dios, con las prisas se me ha olvidado ponerle la velita a San Genaro!, se le oye murmurar.
Una vez dentro los Defensores nos olvidamos de los malos momentos y comenzamos a calentar. El partido comienza con media hora de retraso, según refleja fidedignamente el acta "por motivos ajenos al equipo arbitral", una egoísta exoneración que debió incluir también a los equipos contrincantes y aún a sor M.C. y apuntar más alto, como seguramente el tiempo acabe por descubrir. El primer tiempo muestra claroscuros Defensores, con los dos equipos todavía en precalentamiento. No obstante, dos triples de los Classicos les hacen pornerse cinco arriba con un marcador de 15 a 10. En la reanudación vendaval Defensor, hasta cinco triples que culminan una racha de buen juego y que consiguen dar la vuelta al marcador 30 a 33 favorable a los grisigualdas. Tras el descanso, el tercer cuarto supuso un intercambio de puntos que mantuvo la igualdad en el marcador dejándolo 48 a 47 a su término. Y así llegamos al definitivo cuarto con las espadas en todo lo alto. Salimos más entonados que ellos y ya en el minuto dos tomamos la delantera en el marcador, si bien por un mísero punto. A pesar de su acierto desde la línea de triples conseguimos marcharnos de hasta seis puntos en el minuto ocho pero una serie de incontinencias por nuestra parte apretaron un marcador que aparentaba decantar el partido de nuestro lado. En último minuto el equipo cedió el protagonismo al bueno de Jose que se encargó de hacerlo todo, recibió las faltas apresuradas del rival, lanzó los correspondientes tiros fallando los que consideró oportunos, pero cuando todo parecía perdido acudió a capturar el rebote de oro y anotar la canasta que a la postre nos daría la victoria por el definitivo 67 a 68.
Enhorabuena a los rivales y a nosotros por la victoria que nos permite tomarnos los turrones un año más, con la compañía de la esquiva victoria. Defensores, podéis holgaros en vuestras casas con la satisfacción del deber cumplido antes volver a la lucha, pero eso será el año que viene, el cuarto año triunfal.